23 / 03 / 2008
Sexta Promoción de la Fundación Gala Los residentes del centro comparten sus ideas y dejan sentir la influencia de las obras de sus compañeros en sus propios trabajos Un fotógrafo, dos músicos, sietes artistas plásticos y seis escritores son los residentes del antiguo convento del Corpus Christi en este curso. Un lugar lleno de silencio y tranquilidad en el que las ideas fluyen por todos los rincones. Mezcla de olores -el de los óleos, el de la arcilla, y el del almuerzo que se está preparando en la cocina- que ocupan las habitaciones, los talleres y el patio sobre el que gira la vida de los habitantes de la Fundación Antonio Gala. El antiguo convento del Corpus Christi es el mágico escenario en el que 16 creadores desarrollan sus trabajos durantes los nueve meses que dura la beca que ofrece esta institución. Provenientes de diferentes ciudades y de diversas disciplinas, los residentes desarrollan sus pensamientos en un entorno totalmente productivo en el que el objetivo principal es que todos se relacionen con todos y aprendan unos de otros, que es la máxima pretensión del presidente de honor, Antonio Gala. Toca la campana a las 9:00; es la hora del desayuno y los residentes se dirigen al comedor. Están preparados para un día de trabajo y sus mentes se ponen en funcionamiento. Hay que sacar el máximo rendimiento a la mañana, al igual que a la tarde, porque a las 14:00 de nuevo toca reunirse para almorzar. Después, un ratito para el café y la tertulia, que a veces se estira demasiado, y de nuevo vuelven a los pinceles, los moldes, los negativos, la guitarra o el piano. A las 21:00 las campana anuncia que es hora de cenar. Los residentes que viven en la Fundación durante este curso son en su mayoría artistas plásticos y escritores, aunque también hay dos músicos y un fotógrafo. Tienen algo en común: las ganas de crear y una gran satisfacción por haber sido seleccionados para esta beca que a la vez es una experiencia inolvidable. En la planta baja se encuentra el taller donde el escultor Javier de la Rosa desarrolla su actividad. Una estancia que comparte con el pintor uruguayo Santiago Paulós. De la Rosa, al igual que los demás residentes, señala como ventaja principal la convivencia y el largo período de tiempo que dura la beca, que está destinado a trabajar sobre sus creaciones. Cada uno de ellos se ocupa de un proyecto que tuvieron que comunicar antes de ingresar a la Fundación, aunque la idea original ha cambiado en la mayoría de los casos. En otra planta se sitúa el taller de los pintores. Marta Cuezva, Domingo Martínez y Gorka García Herrera son algunos de los artistas plásticos que lo ocupan. Cuezva añade otras ventajas que aporta este beca, como "la posibilidad de trabajar con libertad durante nueve meses sin tener preocupación por los ingresos y los intercambios de ideas con la gente". Su proyecto consiste en hacer una serie de reratos de figuras femeninas basadas en La Obra maestra desconocida de Balzac. Cada semana los residentes se reúnen una tarde para hacer lo que Antonio Gala llama "fecundación cruzada". "Se trata de presentar la evolución del proyecto delante de los compañeros y que cada uno aporte cosas. Es necesario porque así vez el trabajo de cada persona", explica Cuezva. Unos metros más allá, Martínez desarrolla su proyecto, que consiste en una serie de pinturas y transferencias de fotografías que compra en mercadillos, aunque también tienen pensado hacer un vídeo. La temática de su trabajo se desarrolla en torno "a la identidad y cómo la memoria puede construirla". El artista insiste en la importancia de la convivencia para todos los residentes: "Los demás aportan bastante, por ejemplo los de literatura ayudan a llevar las ideas a papel y los de música me ayudan con el vídeo". García está a su lado, mirando fijamente la obra en la que trabaja; unas pinturas que giran en torno a la industria de Bilbao, su ciudad de origen, a la vez que hace unos reflexiones sobre "cómo todo deja de ser útil en cierto momento". Respecto a lo que hará una vez finalice el curso afirma que "en el arte es peligroso mirar al futuro porque la incertidumbre es algo intrínseco a él". Atravesando unos pasillos en los que cuelgan cuadros de anteriores residentes, se llega a la biblioteca: zona de los escritores. En ella hay una estantería reservada a todas las obras publicadas por Antonio Gala. Jesús Lozano y Davido Leo García son algunos de los creadores que trabajan allí. García es poeta, ha publicado un poemario y uno de sus objetivos es hacer una trilogía. Lozano acaba de finalizar una novela y ahora tiene que hacer las correcciones. "A partir de ahora volveré a un poemario y a una obra de teatro que dejé aparcada", asegura Lozano. Respecto al trabajo y al seguimiento de los proyectos de todos los residentes, Lozano explica que los escritores son "los menos visibles" porque "nuestro trabajo es menos palpable". En una pequeña habitación, en uno de los corredores que rodean al patio, Paloma Montes tiene su taller. Es una artista plástica que se dedica a plasmar fotografías mediante un procedimiento antiguo del siglo XIX. Su proyecto se basa en mezclar imágenes de Córdoba y de Andújar, su ciudad de origen, "es una superposición de imágenes que se remata con acuarelas". Aunque la técnica es complicada, delicada y ocupa bastante tiempo, Montes cree que la calidad que aporta es indiscutible. Ella asegura que quiere ser una artista intelectual y para ellos intenta tocar todas las disciplinas y sobre todo experimenta con los materiales: "También hago instalaciones y esculturas con jabón casero". Los músicos de la Fundación se ubican en la planta baja y son Jesús Delgado y José Pablo Polo, que están acompañados de sus instrumentos, un piano y una guitarra española. Para ellos es muy importante la influencia de todas las artes, porque, como afirma Delgado, "el arte se relaciona por ese algo humano que tienen todas las artes". Muestra de ellos es el trabajo que está desarrollando Polo en este momento: "Estoy componiendo una obra para guitarra y contrabajo basándome en una serie de cuadros de Verónica López, una de mis compañeras, que se llama Horizonte, por lo que mi obra se llama Fragmentos del Horizonte". David Villalba, el único fotógrafo de la Fundación, también se siente influenciado por la obra de López y asegura que él "sí ha bebido mucho de los compañeros", lo que se demuestra por ejemplo en su fotografía pictórica, "por eso la relación los pintores es importante". Mientras tanto, la conexión y los flujos de ideas entre disciplinas persistirán en la Fundación hasta que se acabe el curso. Las paredesd del edificio seguirán siento testigos de las creaciones de estos nuevos artistas. Ángela Alba
Año VIII Nº 2.661, España. |
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